FILOSOFÍA ABSURDA EN GRUYÈRE

A lo largo de nuestra trayectoria, Los Absurdos Teatro hemos construido un sello propio a partir de textos que utilizan el humor como herramienta para retorcer la realidad, llevarla hasta el límite de lo disparatado y, desde ahí, abordar con absoluta seriedad algunos de los conflictos que atraviesan nuestra sociedad.

El humor es, para nosotros, una forma de mirar. Una manera de entrar en territorios incómodos sin renunciar a la ironía, al juego y al absurdo. Bajo situaciones que pueden resultar delirantes, nuestros espectáculos hablan de asuntos profundamente humanos: de aquello que sucede cuando las estructuras sociales, económicas o morales dejan de protegernos.

GRUYÈRE nace precisamente de ahí.

La obra se adentra en uno de los grandes problemas sociales de nuestro tiempo: el acceso a la vivienda y la fragilidad de quienes pueden perderla. Los desahucios, la especulación inmobiliaria, los fondos de inversión, el poder de las entidades financieras y un sistema en el que una vivienda puede convertirse antes en un activo económico que en un lugar donde vivir.

GRUYÈRE habla de ese momento en el que una persona puede pasar, casi sin darse cuenta, de tener una vida aparentemente estable a quedarse sin nada. La NADA. Ese abismo al que cualquiera puede asomarse cuando las reglas del juego cambian y descubre que aquello que parecía un derecho puede convertirse en una mercancía, una deuda o una cifra dentro de una hoja de cálculo.

Y ahí aparece una de las preguntas centrales de la obra:

Porque GRUYÈRE habla también de la distancia entre el valor y el precio de las cosas. De cómo una casa puede valer millones mientras, para quien la habita, significa algo que no cabe en ninguna tasación: seguridad, memoria, pertenencia, familia, identidad. De cómo un hogar puede desaparecer de la vida de alguien porque, en algún lugar, alguien ha decidido que esa vivienda vale más vacía que llena.

En ese territorio se instala la dehumanización. Personas convertidas en expedientes, contratos, números, porcentajes, activos. Y frente a esa maquinaria, individuos que intentan conservar algo tan elemental como un lugar al que poder llamar casa.

Pero GRUYÈRE no se queda únicamente en el conflicto social. Porque cuando todo empieza a tambalearse aparece otra batalla, mucho más íntima:

La obra explora la fragilidad de nuestros principios cuando las circunstancias nos colocan contra las cuerdas. La tensión entre ser quienes creemos que somos y convertirnos en aquello que necesitamos ser para seguir adelante. La capacidad de autoengaño como mecanismo de supervivencia. La negociación permanente con nuestra propia conciencia.

Porque cuando la necesidad aprieta, las fronteras entre víctima y verdugo, entre ética e interés, entre solidaridad y supervivencia, pueden volverse extraordinariamente frágiles.

Y, en medio de todo ello, permanece una pregunta incómoda:

GRUYÈRE utiliza el humor, el absurdo y la exageración para hablar de algo que, en realidad, no tiene ninguna gracia: la posibilidad cada vez más cercana de quedarse sin casa en una sociedad en la que tener un techo se ha convertido para muchas personas en una batalla.

Dos últimas funciones en el Teatro Lara

Comentarios absurdos aquí

Deja una respuesta