PREMIO MEJOR MONTAJE EN LA 39 EDICIÓN DEL FESTIVAL NACIONAL DE TEATRO VEGAS BAJAS

Una pareja feliz, una triste realidad y tres días por delante.
Ernesto y María han alcanzado los cuarenta al tiempo que han perdido todo. Desahuciados y con Nada en la mochila, se ven condenados a iniciar un descenso a su particular infierno en un vía crucis que les introduce en los tres peores días de sus vidas. Tres días para salvar su piso. Tres jornadas por delante para encontrar una salida que termine con sus desvelos. Y en medio de estos tres días la fortuna –o la mala fortuna- les pone ante sí una tabla de salvación. Agarrarse a ella o no dependerá de su destreza y sus escrúpulos. A partir de ahí la cuenta atrás se acelera: hay que salvar su techo y hay que salvar su conciencia. ¿Será posible tapar sus agujeros sin abrir nuevos huecos? ¿será posible salir airoso de las tres jornadas más locas de sus vidas? ¿Será posible engañar a un sistema programado para que la banca siempre gane?




TEMAS
GRUYÈRE cuenta en clave cómica, la epopeya de Ernesto y María durante tres días, que es el plazo que les concede el banco a la pareja, para abonar las tres cuotas que deben de su hipoteca, si no lo hacen, se iniciará el proceso de embargo de su casa.
Ernesto y María son una pareja reconocible, por lo que pronto el público se identifica y siente empatía. Pertenecen a esa clase media, cada día más desdibujada, que vive de su trabajo, está obligado a pagar todo tipo de impuestos, y si compra algo ha de vender un trozo de su alma a un banco.
Con una economía siempre a la vista, que el estado merma con todo tipo de impuestos, sin ser garantes de auxiliar en caso de que se salgan del circuito trabajo cotizo, en ese caso se darán con un paredón sin puerta, y se instalará en ellos el miedo de si no trabajo soy un parásito, y por lo tanto no valgo nada.
UNA CASA NO ES SOLO UNA CASA
Desde este punto de partida, GRUYÈRE pone el foco en uno de los grandes problemas sociales de nuestro tiempo: la vivienda.
¿Qué sucede cuando algo tan básico como tener un lugar donde vivir queda sometido a las reglas del mercado? ¿Qué ocurre cuando una casa deja de ser, fundamentalmente, un hogar y pasa a convertirse en un producto financiero, un activo, una inversión?
Los desahucios son la expresión más extrema de esta realidad, pero detrás de ellos existe toda una maquinaria económica que determina quién puede acceder a una vivienda, quién puede conservarla y quién puede acabar expulsado de ella.
GRUYÈRE habla de bancos, de deuda, de especulación inmobiliaria y de fondos de inversión que adquieren viviendas como activos. Habla de los llamados fondos buitre y de un modelo en el que la vivienda puede generar beneficios mientras quienes necesitan un hogar tienen cada vez más dificultades para acceder a él.
Y habla de una paradoja profundamente inquietante: una vivienda puede tener un enorme valor económico y, al mismo tiempo, convertirse en inalcanzable para las personas que necesitan vivir en ella.
En ese proceso, las personas corren el riesgo de desaparecer detrás de las cifras. Un desahucio puede convertirse en un expediente. Una familia, en una deuda. Una casa, en un activo. Una vida entera, en un número.
¿Dónde quedamos las personas cuando todo se convierte en una operación económica?
La vivienda no es solamente una cuestión de ladrillos, hipotecas o alquileres. Una casa es intimidad, seguridad, memoria, pertenencia. Es el lugar desde el que una persona construye su vida.
Por eso, cuando alguien pierde su casa, no pierde únicamente cuatro paredes.
Pierde una parte de su lugar en el mundo.
GRUYÈRE utiliza el humor y el absurdo para mirar de frente esta realidad. Para hablar de quienes se encuentran al borde del precipicio y de un sistema en el que no siempre existe una red capaz de recogerlos cuando caen.
Porque quizá la pregunta no sea cuánto vale una vivienda.
Quizá la pregunta sea cuánto estamos dispuestos a pagar como sociedad para que alguien pueda seguir llamándola hogar.
Una casa puede ser un activo para alguien y, para otro, el lugar donde vive.







CRÍTICAS ABSURDAS
«En Gruyère el teatro clásico, por sus partes en verso, se encuentra con el Nobel Dario Fo vitriólico y amable de sus comedias sociales y con las comedias locas del inicio de los Hermanos Coen (en concreto con Arizona Baby)».
«…sencillamente, no hay otra compañía que haga un teatro como el suyo… el código y la poética rezuman solidez; y la compenetración entre Mendiguchía y Patricia Estremera es máxima, son una auténtica máquina de precisión sobre el escenario«.
«Gruyère, el montaje más redondo de Los Absurdos».
«Una comedia eficaz con un texto, una dirección y un trabajo actoral excelente».
«Alfonso Mendiguchía y Patricia Estremera están absolutamente impresionantes. Resueltos, dinámicos, creíbles, versátiles son desde el primer segundo y hasta el último la clave para que la narración se desarrolle coherente, estimulante, divertida y apenas dejan un nanosegundo entre personaje y personaje para que el espectador contemple maravillado como el cambio de registro y la versatilidad de ambos son excepcionales».
«Gruyère es una comedia que, como la vida misma, yace sobre una tragedia en la que se ven envueltos sus protagonistas. Tres días locos en los que las dudas, la conciencia, la verdad y la mentira se abrazan, se besan, se miran y se esquivan del mismo modo en que lo hacen el llanto y la risa».
«En verso, en prosa, en sainete, en tragedia, en lágrima, en risa, en pantera, en rosa, en guiño, en tonto, en bobo, en pica, en resca, en tu y en yo, en Estremera y en Mendiguchía; “Gruyere” se desliza y despliega entre el sainete y el apólogo, entre Berlanga y Quevedo, provocando, incordiando y entreteniendo al espectador».
«El texto, interpretado por el propio Alfonso Mendiguchía y Patricia Estremera, bebe de las fuentes clásicas barrocas y se transmite en verso, y suena melódico, rítmico, mágico, ágil, emocionalmente perfecto. Los dos actores interpretan varios personajes con la cercanía de los que saben lo que están haciendo».
«La pareja consigue que ambos personajes sean adorables, a la vez que una esperpéntica caricatura de cada uno de nosotros. Dos actores que encajan, dos personajes que se completan, los cuatro para conseguir un gran resultado».
«Su trayectoria de diez años sobre el escenario produciendo diversas obras les ha permitido elaborar un estilo propio lleno de reflexión, emoción y risas«.




FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA
AUTOR: Alfonso Mendiguchía
DIRECTOR: César Maroto
ACTORES: Patricia Estremera y Alfonso Mendiguchía
DISEÑO DE ILUMINACIÓN Y ESCENOGRAFÍA: Víctor Mones
DISEÑO DE VESTUARIO: Remedios G. Insua
MÚSICA ORIGINAL: David Bueno
DISEÑO GRÁFICO/VISUAL: Manolo Pavón
VÍDEO: El ojo Mecánico
ANIMACIONES: Eduardo Avanzini
SASTRERÍA: Estrella Baltasar
MAQUILLAJE: Charo Calvo
COMUNICACIÓN Y PRENSA: Rosa Arroyo y Almudena Paredes
MARKETING: Saray Neila
DISTRIBUCIÓN: Los Absurdos Teatro
PRODUCCIÓN: LOS ABSURDOS TEATRO
